Historia de una escritora que se soñó librera
Antes de ser librera, ya era lectora, viajera y escritora.
Trabajé durante veintidós años como azafata de vuelo, una profesión que me permitió recorrer el mundo y descubrir muchos de los lugares, libros e historias que acabaron formando parte de mi vida y de mi escritura.
En 2016 publiqué mi primera novela, Amapolas en octubre. En sus páginas, Carolina, su protagonista, cumplía el sueño de abrir una pequeña librería en Madrid, «La librería de Jo». Tres años después, decidí hacer realidad aquella librería y, en enero de 2019, abrí «Amapolas en octubre» en la calle Pelayo de Madrid.
Pasé casi ocho años al frente de un espacio cuya historia estuvo marcada por mi implicación en la selección de títulos y en los numerosos eventos allí celebrados, a los que asistieron autores nacionales e internacionales. Tuve la suerte de sentarme a conversar con mis autores venerados, desde Manuel Vicent hasta Elizabeth Strout. Y también de dar voz a autores noveles con un talento descomunal, como Silvana Vogt. Recomendar lecturas se convirtió en una de mis señas de identidad como librera y, gracias a mi labor de prescriptora, creé un vínculo con los lectores que fue más allá de los libros.
Me las ingenié para robar horas a los días y pude continuar con mi carrera como escritora. Tras Amapolas en octubre llegaron las novelas El sonido de un tren en la noche y Todo lo que fuimos, además de Cartas desde Massachusetts, un libro de viajes nacido de otra de mis grandes pasiones: descubrir lugares a través de la literatura, sus escritores y sus historias. La traducción al inglés de este último título, Letters from Massachusetts, me ha llevado de vuelta a los escenarios que inspiraron el libro, esta vez en compañía de lectores curiosos por descubrirlos.
El anuncio del cierre de la librería en 2026 fue inesperado para muchos. En un primer momento, no existía ningún proyecto que llenara el vacío que dejaba su cierre en la vida de tantos lectores. Sin embargo, las cuatro semanas de despedida y la respuesta de los lectores cambiaron esa idea.
En una de las entrevistas que me hicieron después lo expliqué: «No había ningún plan previsto. La etapa se cerraba y había llegado el momento de empezar de nuevo. Alargamos la despedida durante cuatro semanas para que todo el que quisiera pudiera venir a decir adiós. Fue entonces cuando fui realmente consciente de lo que la librería significaba para tantos y supe que debía hacer algo para que la comunidad siguiera con vida. Su fidelidad y lealtad a la librería bien merecían mantener algo que ellos, casi sin planearlo, habían creado».
De aquella certeza nace Comunidad Amapolas, una nueva etapa con la que mantener el vínculo con los lectores y seguir compartiendo literatura, viajes, lugares y escritura.
Hoy continúo leyendo, escribiendo, viajando y recomendando historias y rincones que merecen ser descubiertos.
Porque ser librera nunca consistió únicamente en tener una librería, sino en compartir los libros y las historias que tanto me han acompañado y enseñado a lo largo de los años.