Camino al Oeste, A. B. Guthrie Jr.
«La mitad de mantenerse con vida consiste en elegir bien a tu compañero».
Este verano regresé a Oregón, pero, gracias a la literatura, emprendí el viaje antes de despegar del aeropuerto de Madrid. El estado de Oregón es un destino poco conocido para quienes visitan los Estados Unidos e incluso para los norteamericanos o los que residen en ese país que, en este tiempo, parece formado por decenas de pequeños países.
Durante mi estancia en Oregón volví a visitar los escenarios que ya conocía y tuve la oportunidad de descubrir otros nuevos. Cuando uno viaja hasta allí se siente tan lejos de todo, tan solitario en medio de los bosques y el silencio, que es inevitable imaginar las vidas de los que escribieron la historia siglos atrás, de aquellos que llegaron a esta tierra ocupada por los nativos americanos, cuyo legado aún se conserva tanto en las reservas como en los nombres de ríos, pueblos o parques. Y no hay que ser muy curioso para intuir que en el origen de tantos nombres también está la huella de los conquistadores españoles que navegaron frente a aquellas playas infinitas o subieron desde el sur del continente. No se puede escribir la historia de los colonos sin relatar la de aquellos que abrieron los caminos antes que ellos…
Uno de esos viajes que pudo haber sucedido es el que relata A. B. Guthrie Jr. en su novela Camino al Oeste, publicada en 1949 y ganadora del Premio Pulitzer de Ficción al año siguiente. Este título forma parte de la trilogía Big Sky, de la que el autor se despidió con un libro publicado treinta y tres años más tarde para cerrar la historia de Dick Summers y sus personajes más queridos.
La obra fue llevada al cine —Camino de Oregón fue el título de la película en España— y, quizá por esta razón, quienes conservamos en la memoria los westerns cinematográficos podemos ver las escenas y no solo leerlas. En esta novela partimos desde Misuri rumbo al oeste, viajamos en caravanas acompañados de los valientes que se atrevieron a soñar con un mundo mejor y, a lo largo del trayecto, aprendemos cómo unos y otros hubieron de lidiar con las rivalidades y la adversidad de terrenos poco transitables, indios celosos de perder su libertad y animales poco acostumbrados a la amenaza del ser humano.
En su última aventura cinematográfica, Horizon —fallida para la industria, no para sus seguidores—, Kevin Costner hizo un retrato sensacional de la idiosincrasia de la vida en caravanas. Esa misma vida, los vínculos inevitables que nacen y mueren a lo largo de los meses y la creación de una comunidad que avanza con el ganado y la esperanza de alcanzar una tierra llena de promesas constituyen también el corazón de esta novela.
Mi viaje a Oregón ha sido más un regreso anhelado que un destino soñado, ya que es un lugar al que regreso cada vez que la vida me lo permite y en el que situé parte de la historia de una de mis novelas. Nada sucede por casualidad. Y puede que fuera precisamente esa falta de casualidad la que me llevara a leer esta novela antes de saber que volvería a emprender mi viaje hacia el oeste y que, gracias a la obra de Guthrie, he vivido y observado con una mirada distinta.
CAMINO AL OESTE
A. B. Guthrie Jr.
Traducción de Marta Lila Murillo
Editorial Valdemar
27,00 €